La primera vez que alguien coge una escota no sabe que la está cogiendo. Tira de una cuerda porque el monitor se lo ha dicho, el barco gira, el viento cambia de sitio y de repente entiende algo que ningún vídeo le había explicado bien. Este artículo es la guía que nos hubiera gustado tener antes de esa primera clase, sin tecnicismos innecesarios y sin dar por hecho que ya sabes de qué lado sopla el viento.
-
Por qué la vela engancha desde el primer momento
-
Vela ligera o crucero, la primera decisión real que tienes que tomar
-
La forma más barata de probar antes de comprometerte
-
Qué se aprende de verdad en un curso de iniciación
-
El vocabulario mínimo para no perderte en tu primera clase
Por qué la vela engancha desde el primer momento
Casi nadie se engancha a la vela por la teoría. Se engancha porque en algún momento de esa primera salida el barco deja de sentirse como una máquina que hay que controlar y empieza a sentirse como algo que se conduce con el cuerpo entero, escuchando el agua y mirando la superficie del mar para adivinar dónde va a soplar más fuerte. Es una sensación que no se explica bien por escrito, y por eso la mayoría de quienes se acercan a este mundo lo hacen después de haber subido a un barco de un amigo, de haber hecho un bautismo de mar en vacaciones o simplemente de haber visto pasar una regata desde el paseo marítimo y haberse preguntado si ellos también podrían hacerlo.
La buena noticia es que sí pueden. La vela no exige una condición física especial ni haber crecido cerca del mar. Exige método, algo de paciencia con los primeros errores y elegir bien por dónde empezar, que es justo de lo que trata el resto de este artículo.
Vela ligera o crucero, la primera decisión real que tienes que tomar
Antes de buscar un curso conviene tener claro qué tipo de vela te interesa, porque bajo el mismo nombre conviven dos mundos bastante distintos.
La vela ligera se practica en embarcaciones pequeñas, normalmente de una o dos personas, como un Optimist, un Laser o un catamarán de playa. Es la vía habitual en los clubes náuticos y federaciones autonómicas, se aprende rápido a nivel de sensaciones porque el barco reacciona al instante a lo que haces, y es la puerta de entrada más común tanto para niños como para adultos que quieren empezar desde cero. El
Club de vela Alocén, por ejemplo, organiza cursos de iniciación en vela ligera y windsurf abiertos también a adultos, no solo a los más jóvenes.
La vela de crucero es otra historia. Se navega en veleros más grandes, con cabina, a veces durante varios días seguidos, y el aprendizaje incluye maniobras de fondeo, navegación costera y trabajo en equipo con una tripulación. Es el camino natural para quien sueña con salir de fin de semana con su propio barco o hacer travesías, y suele ir de la mano de las
titulaciones náuticas de recreo.
No hace falta elegir para siempre. Mucha gente empieza en vela ligera porque es más accesible y barata, coge soltura con el viento y las maniobras básicas, y da el salto al crucero cuando ya tiene el cuerpo acostumbrado a moverse en un barco. Si tu objetivo final es tener veleros propios o patronear uno de amigos, puede compensar empezar directamente en crucero, aunque el aprendizaje inicial sea algo más lento.
La forma más barata de probar antes de comprometerte
Antes de apuntarte a un curso de varias semanas, tiene sentido comprobar que la vela te gusta tanto en la práctica como en la idea. Para eso existen los llamados bautismos de mar, salidas cortas de una hora o poco más, guiadas por un monitor, que organizan la mayoría de clubes náuticos y escuelas de vela durante los meses de más actividad. Cuestan poco, no requieren ningún conocimiento previo y sirven sobre todo para perder el respeto inicial al barco y comprobar cómo reacciona tu cuerpo al balanceo y al viento en la cara.
El paso siguiente, ya con algo más de compromiso, es un curso de iniciación de fin de semana o de una semana intensiva, que es el formato que ofrecen la inmensa mayoría de clubes náuticos en España durante primavera y verano. El Club Náutico Vilanova, el Real Club Náutico de San Sebastián o el Club Náutico Puerto Sherry, por citar solo algunos ejemplos con programación pública, organizan este tipo de cursos con grupos reducidos y monitores titulados por las federaciones autonómicas correspondientes. Los precios varían bastante según la zona y la duración, pero un curso de iniciación de fin de semana suele moverse en un rango que va desde algo más de cuarenta euros en cursos puntuales organizados por universidades o entidades públicas hasta varios cientos de euros en programas más largos e intensivos de clubes privados.
Qué se aprende de verdad en un curso de iniciación
Un buen curso de iniciación no se limita a enseñarte a tirar de una cuerda cuando el monitor lo indica. En las primeras sesiones se suele empezar en tierra, repasando las partes del barco y el aparejo, para que cuando subas a bordo ya sepas identificar la botavara, la escota o el timón sin tener que preguntar a cada momento. Después llega la parte que de verdad importa, que es entender cómo se comporta el barco según de dónde venga el viento, algo que en tierra se explica en cinco minutos pero que solo se interioriza navegando y equivocándote unas cuantas veces.
A partir de ahí el curso avanza hacia las maniobras básicas, como virar y trasluchar, que son las dos formas de cambiar de rumbo cruzando el viento por la proa o por la popa, y hacia ejercicios de hombre al agua, que en un entorno controlado sirven para automatizar una reacción que en el mar real puede salvar una vida. Muchos programas de iniciación en vela ligera están pensados como una progresión de varias semanas en la que cada sesión añade una maniobra nueva sobre la anterior, en lugar de intentar enseñarlo todo el primer día.
Lo que casi nunca se explica bien de antemano es que buena parte del aprendizaje ocurre fuera del agua, hablando con el monitor después de cada salida sobre qué ha funcionado y qué no. Si eliges una escuela donde esa conversación posterior no existe y el curso se reduce a subir y bajar del barco sin más, es probable que avances mucho más despacio de lo que deberías.
El vocabulario mínimo para no perderte en tu primera clase
Nadie espera que llegues a tu primera clase hablando como un patrón de toda la vida, pero conocer un puñado de palabras clave te va a ahorrar mucha confusión y te va a permitir concentrarte en las sensaciones en lugar de en el diccionario.
- Barlovento es el lado de donde viene el viento, y sotavento es el contrario, hacia donde el viento empuja.
- Orzar significa acercar la proa del barco hacia de donde viene el viento, mientras que arribar es lo opuesto, alejar la proa del viento.
- La escota es el cabo con el que se regula la vela abriéndola o cerrándola
- La driza es el cabo que sirve para izarla desde la cubierta hasta lo más alto del mástil.
Estas cinco palabras, junto con
virar y
trasluchar que ya hemos mencionado, cubren la mayor parte de las instrucciones que vas a recibir en una clase de iniciación. El resto del
vocabulario náutico, que es amplísimo, se va incorporando solo con la práctica, sin necesidad de memorizar listas antes de subir al barco.
Aprende nomenclatura náutica gratis
¿Qué te ha parecido este artículo?
También te puede interesar