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Quítatelo de la cabeza: maniobrar un barco no es conducir un coche

  • Fernando Pastor Profesor
Fernando Pastor
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  • Acaba la formación, empiezan los disgustos.
  • ¿Tu coche es levogiro o dextrogiro?
  • Un puerto no es un garaje
  • ¿Es más difícil? No, es distinto.

Acaba la formación, empiezan los disgustos.

Una de las experiencias más desesperanzadoras que pueden contemplarse en un puerto es la del patrón novel que cree que, por el simple hecho de saber conducir un coche, ya sabe gobernar un barco. Esto es un error absoluto. Cuando se llega a un pantalán con esa mentalidad, el desastre está servido. De hecho, junto con el mareo, la frustración en las maniobras de puerto es una de las causas que más vocaciones náuticas destruye.

A nadie le gusta tener que experimentar malos tragos on la familia o amigos debidos a malas maniobras y golpes absurdos en los cascos que se podrían haber evitado. Tampoco es un plato de gusto que a uno le llame una aseguradora diciendo que tienen las imágenes de las cámaras del puerto del día que el impoluto barco nuevo del vecino recibió un rayón por culpa d una de una de nuestras mala maniobras..

Ahora piensa: ¿Cuántas horas dedicaste en la autoescuela solo para aprender a aparcar? Seguramente las suficientes para aprobar el examen práctico en un entorno elegido y controlado. ¿Por qué piensas, entonces, que un par de prácticas compartidas de fin de semana te convierten en un experto en los misterios de la maniobra? El arte del atraque es mucho más complejo y requiere un chip mental completamente distinto. Aquí es donde pretendo que tomes consciencia.

¿Tu coche es levogiro o dextrogiro?

Para entender a qué nos enfrentamos, hay que comprender que las leyes de la física cambian drásticamente cuando dejamos el asfalto. Mientras que un coche avanza casi por raíles y gira desde el eje delantero, un barco pivota sobre su centro y se mueve como la cola de una lagartija. Aquí es donde entran la mínima de gobiero y el efecto de la hélice; algo que nunca nos contaron en la autoescuela.

Resulta que a un barco parado o casi parado cuando se acelera para moverlo, en los primeros metros tiene más desplzamamiento lateral que de avance. Esto sorprende mucho al patrón novel y no sin razón pero es algo que hay que meterse en la cabeza. Entender el efecto dextrogiro o levogiro de la hélice de tu barco es lo que te va a llevar recto al atraque. No entenderl es lo que te va a cruzar el barco y donde empiezan los problemas.     

Por si lo anteriro fuera poco, a un coche no lo mueve el viento; a un barco, constantemente. Imagínate que cada vez que fueras a aparcar tu coche tuvieras que calcular de dónde viene la racha, a cuántos nudos sopla y cómo va a desplazar lateralmente el vehículo mientras intentas entrar en la plaza. Tal vez lo más comparable sería aparcar con hielo en la calzada. Eso da respeto, ¿no? Pues con un barco esto es la norma y no podemos dejar de hacerlo. El viento es algo que se tiene que meter en la mente del patrón y quedarse a vivir allí. 

Hielo en la calzada


¿Porque nunca encuentro el freno? Será porque el coche tiene un pedal específico para eso, que ofrece una respuesta inmediata. En los barcos, el freno es la marcha atrás (la reversa), y hay que darla con la fuerza justa. Si te pasas de potencia, el barco se desgobierna y te sales de la trayectoria; si no llegas, golpeas al de delante. Las defensas ayudan, por supuesto, pero tienen sus límites: un impacto a tan solo tres nudos puede rajar un casco de fibra de vidrio por mucha defensa que le pongas.

¿Sabes cuáles son las amarras adecuadas para esta u otra maniobra o situación? Pasarán los siglos pero los barcos se siguen atando con cuerdas cosa no se hace con los coches desde que tiraba de ellos un caballo. Un buen uso de las amarras y saber cuales son las adecuadas es fundamental para ciertas maniobras, o si no el desastre está servido. ¿Realmente sabes usarlas?  

¿Te has parado a pensar alguna vez porque mirar adelante cuando vas hacia atrás no genera demasada confianza? Vale que en los coches no hay problemas de tener el síndrome del cuello rígido, porque tenemos espejos retrovisores, pero en los barcos no los hay; y, sin embargo, es habitual ver a patrones inexpertos intentando meter una embarcación (que duplica o triplica el tamaño de su coche) sin mirar atrás ni vigilar las aletas, confiando ciegamente en que el barco entrará en el amarre como si estuviera untado en vaselina. Y no lo está ¿verdad?

Un puerto no es un garaje

En una maniobra difícil con un coche, siempre puedes poner el freno de mano, bajarte, mirar el espacio restante y calcular la trayectoria. En un barco no puedes tirarte al agua para medir la distancia con el vecino y luego volver nadando al barco, primero porque harías el ridículo y segundo porque para cuando subas a bordo, la corriente ya habrá movido la embarcación. Así que en el atraque, los cálculos mentales deben ser constantes, fluidos y en tiempo real. La única manera de evitar el bloqueo mental en momentos de tensión es diseñar una buena estrategia previa que nos permita reducir esos cálculos al mínimo durante la ejecución. 

Unos cuantos ejemplos de por qué un puerto no es un garaje:
  • A un coche no le afecta la corriente, pero a una obra viva (la parte sumergida del barco) sí. Aunque en los puertos del Mediterráneo, por lo general, las corrientes no son tan acusadas como para mediatizar por completo la maniobra, en puertos atlánticos o fluviales ignorar la marea y la corriente es sinónimo de colisión inminente.
  • Un crucero de vela de 15 metros de eslora es tan largo y pesado como un autobús urbano. ¿Te atreverías a meter un autobús en un parking subterráneo entre dos columnas de cemento a la primera? La prudencia te diría que ni lo intentes. ¿Entonces por qué con un barco nos invade esa falsa seguridad? La gente sigue llegando a los puertos con la convicción de que tendrá éxito instantáneo en algo que requiere toneladas de práctica, experiencia y una concentración absoluta.
  • Si alguna vez te has subido a una de esas bicicletas tramposas de las ferias donde la rueda gira hacia la derecha cuando giras el manillar a la izquierda, sabrás lo frustrante que es. Algo muy parecido experimentan los que intentan meter el remolque de una lancha en la rampa del puerto por primera vez: la dirección se invierte y la lógica deja de funcionar.
Estos son solo unos cuantos de los muchos casos en los que la lógica del conductor no funciona si se quiere llegar a ser un buen patrón. Aquí es donde debe empezar nuestra escalada.

barco con retrovisor

¿Es más difícil? No, es distinto.

La conclusión no es que navegar sea imposible o un privilegio de unos pocos elegidos. Simplemente es distinto. Hay que aprender otra física, interiorizar nuevas técnicas y disponer de una "baraja" de aproximaciones diferentes para los problemas que puedan surgir en cada amarre. Debes tener un plan A, un plan B y un plan de escape si la cosa se complica.

Cómo adquirir y mejorar estas técnicas:
Afortunadamente, hoy en día existen herramientas magníficas para acelerar la curva de aprendizaje sin poner en riesgo tu barco (ni el del vecino):
  • Clubes de navegación: Son una opción fantástica para experimentar, navegar de continuo, cometer errores tutorizados y acumular millas en diferentes barcos sin la presión de la propiedad.
  • Prácticas específicas de maniobra: Las academias náuticas ofrecen cursos monográficos dedicados exclusivamente a la estacha, el muelle y el pantalán. Unas pocas horas con un patrón profesional valen por años de prueba y error.
  • Simuladores virtuales: Actualmente contamos con apps y simuladores de maniobras en 3D que permiten entender de forma visual cómo afectan el viento, el efecto evolutivo de la hélice y la corriente al barco. Es la mejor forma de entrenar el cerebro desde el sofá.
  • YouTube y contenido didáctico: La plataforma está llena de vídeos formativos excelentes con animaciones y explicaciones paso a paso sobre el uso de amarras, muelles y las inercias del barco.
Nadie nace sabiendo atracar. La próxima vez que vayas a puerto, aparca el ego en el coche, analiza el viento y recuerda que en el mar, la calma y la técnica siempre vencen a la improvisación. Si consigues que te aplaudan habrás entrado en el selecto club de los patrones con un aura con las que pintaba Murillo. ¿Crees que podrás conseguirlo?
  • Fernando Pastor Profesor
    Fernando Pastor
    Patron profesional, instructor y divulgador.
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