Acaba la formación, empiezan los disgustos.
Una de las experiencias más desesperanzadoras que pueden contemplarse en un puerto es la del patrón novel que cree que, por el simple hecho de saber conducir un coche, ya sabe maniobrar un barco. Esto, ya de entrada, es un error de manual. Cuando se llega a un pantalán con esa mentalidad, el desastre está casi servido. De hecho, junto con el mareo, la frustración en las maniobras de puerto es una de las causas que más vocaciones náuticas destruye.
A nadie le gusta tener que experimentar malos tragos con la familia o con los amigos, debidos a maniobras mal ejecutadas y a golpes absurdos en los cascos que se podrían haber evitado. Tampoco es un plato de gusto que a uno le llame una aseguradora diciendo que tienen las imágenes de las cámaras del puerto del día que el impoluto barco nuevo del vecino recibió un rayón por culpa de una de una de nuestras mala maniobras..
Ahora piensa: ¿Cuántas horas dedicaste en la autoescuela solo para aprender a aparcar lo suficientemente regular como para aprobar el examen práctico del carnet? ¿Por qué piensas, entonces, que un par de prácticas compartidas de fin de semana te convierten en un experto en los misterios de la maniobra? El arte del atraque es mucho más delicado y requiere un chip mental completamente distinto. Aquí es donde pretendo que tomes consciencia.
¿Tu coche es levogiro o dextrogiro?
Para entender a qué nos enfrentamos, hay que comprender que las leyes de la física cambian drásticamente cuando dejamos el asfalto. Mientras que un coche avanza casi por raíles y gira desde el eje delantero, un barco pivota sobre su centro y se mueve como la cola de una lagartija. Aquí es donde entran la mínima de gobiero y el efecto de la hélice; algo que nunca nos contaron en la autoescuela.
Resulta que a un barco parado o casi parado cuando se acelera para moverlo hacia atrás, en los primeros metros tiene casi más desplazamamiento lateral que de avance. Esto sorprende mucho al patrón novel, y no sin razón, pero es algo que hay que meterse en la cabeza. Entender el efecto dextrogiro o levogiro de la hélice de tu barco es lo que te va a llevar recto al atraque. No entenderlo es lo que te va a cruzar el barco cuando intentes atracarlo y es donde van a empezar los problemas.
Por si lo anterior fuera poco, a un coche no lo mueve el viento; a un barco, constantemente. Imagínate que cada vez que fueras a aparcar tu coche tuvieras que calcular de dónde viene la racha, a cuántos nudos sopla y cómo va a desplazar lateralmente el vehículo mientras intentas entrar en la plaza. Tal vez lo más comparable sería aparcar con hielo en la calzada. Eso da respeto, ¿no? Bueno, pues con un barco esto es la norma y no podemos dejar de hacerlo y sin embargo hay quienes se atreven a ello sin darle importancia. Qué gran error. El viento es algo que se tiene que meter en la mente del patrón y quedarse a vivir allí.

¿Por qué nunca encuentro el freno del barco con lo útil que es para aparcar el coche? ¿Será porque el coche tiene un pedal específico para eso, que me ofrece una respuesta inmediata y el barco no? En los barcos, el freno es la reversa, y hay que darla con la antenlación debida y con la fuerza justa. Si te pasas de potencia, el barco se desgobierna y te sales del atraque; si no llegas, golpeas el muelle. Las defensas ayudan, por supuesto, pero tienen sus límites: un impacto a tan solo tres nudos puede rajar un casco de fibra de vidrio por muchas defensas que le pongas. Tenlo en cuenta al decidir la velocidad a la que vas a meterlo.
¿Sabes cuáles son las amarras adecuadas para esta u otra maniobra o situación? En el coche pones el freno de mano te bajas y te vas. Pero en con barco no es asi. ¿Lo has dejado bien amarrado? ¿Aguantará tal como está el vendaval de esta noche o me lo encontaré subido al muelle? Pasarán los siglos pero los barcos se siguen atando con cuerdas; cosa que no se hace con los coches desde que tiraba de ellos un caballo. Un buen uso de las amarras y saber cuales son las adecuadas es fundamental para ciertas maniobras, o si no el desastre está servido. ¿Realmente sabes usarlas?

¿Te has parado a pensar alguna vez porque mirar adelante cuando vas hacia atrás no genera demasiada confianza? Vale que en los coches no hay problemas de sufrir del síndrome del cuello rígido porque tenemos espejos retrovisores, pero en los barcos no los hay; y, sin embargo, es habitual ver a patrones inexpertos intentando meter o sacar una embarcación (que duplica o triplica el tamaño de su coche) sin mirar atrás ni vigilar las aletas, confiando ciegamente en que el barco entrará o saldrá del el amarre como si estuviera untado en vaselina. Y no lo está ¿verdad?
Un puerto no es un parking inundado
Pregunto: ¿Por qué paras el barco delante del atraque para meterlo marcha atrás? ¿Es porque así te funciona en los parkings? Ya, pero es que un puerto es distinto de un parking y un barco es diferente de un coche. ¿No sería mejor venir desde fuera del canal marcha atrás y meterlo con algo de arrancada?
Piensa que en una maniobra difícil con un coche, siempre puedes poner el freno de mano, bajarte, mirar el espacio restante y calcular la trayectoria. En un barco no puedes tirarte al agua para buscar la perspectiva y luego volver nadando al barco; primero porque harías el ridículo y segundo porque para cuando subas a bordo, el viento ya habrá movido la embarcación. Así que en el atraque, los cálculos mentales deben ser constantes, fluidos y en tiempo real. La única manera de evitar el bloqueo mental en momentos de tensión es diseñar una buena estrategia previa que nos permita reducir esos cálculos al mínimo durante la ejecución.
Unos cuantos ejemplos de por qué un puerto no es un garaje:
- A un coche no le afecta la corriente, pero a una obra viva (la parte sumergida del barco) sí. Aunque en los puertos del Mediterráneo, por lo general, las corrientes no son tan acusadas como para influir en la maniobra, en puertos atlánticos o fluviales ignorar la marea y la corriente es sinónimo de colisión inminente.
- Un crucero de vela de 15 metros de eslora es tan largo y pesado como un autobús urbano. ¿Te atreverías a intentar meter un autobús en un parking subterráneo entre dos columnas de cemento a la primera? La prudencia te diría que ni lo intentes. ¿Entonces por qué con un barco nos invade esa falsa seguridad? La gente sigue llegando a los puertos con la convicción de que tendrá éxito instantáneo en algo que requiere toneladas de práctica, experiencia y una concentración absoluta.
- Imaginate que todos los coches de un garaje tuvieran espolones en los guardabarros que si fallas con el giro te hicieran un roto en la carrocería. Pues lo normal en los puertos es que las proas de los barcos exhiban agresivas anclas de acero que no te gustaría que le dieran un besito a tu brillante casco de fibra de vídrio. ¡Si ya nos lo pensamos al aparcar detrás de un coche con la bola de remolque!
Estos son solo unos cuantos de los muchos casos en los que la lógica del conductor no funciona si se quiere llegar a ser un buen patrón. Aquí es donde debe empezar nuestra escalada.
¿Es más difícil? No, es distinto.
La conclusión no es que maniobrar un barco sea imposible o el don de unos pocos elegidos. Simplemente es algo distinto a lo que ya conocemos. Hay que aprender otra física, interiorizar nuevas técnicas y disponer de una "baraja" de estrategias para cada uno de los problemas que puedan surgir en cada atraque. Debes tener un plan A, un plan B y un plan de escape si la cosa se complica.
Cómo adquirir, desarrollar y mejorar nuetra técnica:
Afortunadamente, hoy en día existen herramientas magníficas para acelerar la curva de aprendizaje sin poner en riesgo tu barco (ni el del vecino):
- Clubes de navegación: Son una opción fantástica para experimentar, navegar de continuo, cometer errores tutorizados y acumular millas en diferentes barcos sin la presión de la propiedad.
- Prácticas específicas de maniobra: Las academias náuticas ofrecen cursos monográficos dedicados exclusivamente a las maniobras. Unas pocas horas con un patrón profesional valen por años de prueba y error.
- Simuladores virtuales: Actualmente contamos con apps y simuladores de maniobras en 3D que permiten entender de forma visual cómo afectan el viento, el efecto evolutivo de la hélice y la corriente al barco. Desde el toreo de salón no se ha inventado nada más seguro y ni más práctico.
- YouTube y contenido didáctico: La plataforma está llena de vídeos formativos excelentes con animaciones y explicaciones paso a paso sobre el uso de amarras, muelles y las inercias del barco.
Nadie nace sabiendo atracar. La próxima vez que vayas a puerto, olvidate del coche, analiza el viento y recuerda que en el mar, la calma y la técnica siempre vencen a la improvisación. Si consigues que te aplaudan habrás entrado en el selecto club de los patrones con un aura como las que pintaba Murillo. ¿Crees que podrás conseguirlo?