Iniciación
a la navegación nocturna
La navegación nocturna tiene sus peculiaridades que deben tenerse en
cuenta: La identificación de las luces requiere práctica. De noche,
nuestra visión pierde parte de su agudeza y para poder apreciar los
colores necesitamos un período de adaptación a la oscuridad de
algunos minutos. Si una luz blanca nos da en los ojos, tendremos que
volver a adaptarnos a la oscuridad. El simple hecho de ser de noche
complica cualquier maniobra que por el día ejecutaríamos con
facilidad. Los objetos flotantes a la deriva no los podremos ver y,
si el tiempo es malo, tendremos dificultades para maniobrar a la mar
ya que no veremos venir las olas.
El buen conocimiento de la situación, tráfico, corrientes y costa,
así como la veteranía, ayudarán en gran manera a afrontar la
navegación nocturna con mínimos riesgos. No obstante, la navegación
nocturna tiene también sus ventajas. La recalada en una costa baja
puede ser más fácil de noche que día ayudándose de la luz de un
faro, pero nunca la haga de noche y con mal tiempo si la costa está
a sotavento. Mejor programarse, en este caso, para recalar de día.
Sea cual sea la situación meteorológica, el riesgo durante la noche
es mayor que de día por lo que es necesario tomar las siguientes
medidas:
- Gobernar tomando como referencia un
astro en vez de gobernar con el compás que podría resultar fatigoso.
- Navegar a mayor distancia de la
costa que de día.
- Evitar que un tripulante se quede
solo en cubierta.
- Mantener arranchada la maniobra de
cubierta y los interiores.
- Cerrar escotillas, portillos y
grifos de fondo.
- Utilizar el arnés de seguridad en
cualquier condición de tiempo.
- Restringir al mínimo el uso de
linternas.
- Usar los prismáticos ya que
compensan la pérdida de visión.
- Utilizar una bombilla roja en la
mesa de cartas.
- Los tripulantes que vayan a entrar
de guardia deben adaptar su visión a la oscuridad -quince minutos-
antes de tomar el relevo.
- Reconocer e identificar todos los
faros, farolas, poblaciones que veamos para lo cual tendremos a mano
el libro de faros junto a la carta. No olvide que las olas pueden
ocultar momentáneamente la luz de una boya.
- Para entrar en puerto, tratar de
localizar la luz verde ya que la veremos antes que la roja.
- Identificar todas las luces de
barcos que aparezcan en el horizonte para determinar tipo de barco
y, lo antes posible, si existe riesgo de colisión. Cuidado con los
barcos situados entre nosotros y una costa profusamente iluminada.
Será difícil ver sus luces de situación ya que estaremos
deslumbrados por las luces de la costa.
- Preparar un proyector de luz blanca
para su uso inmediato si fuera necesario.
En tiempos calimosos, la niebla
permanece pegada a la costa, lo cual dificulta la visibilidad de las
luces y señales de faros y boyas, así como a las luces blancas las
hace aparecer con un tinte rojizo. No se debe olvidar que, con
niebla, es difícil determinar la demora de donde procede una señal
fónica, ya que la niebla curva, amortigua o amplifica las ondas
sonoras, por lo que conviene establecer un turno de guardia de
escucha a proa.
Cuando la visibilidad es buena, los faros proporcionan una
indicación exacta e irrefutable. No obstante es fácil confundir las
luces que aparecen en el horizonte con aquellas que esperamos ver,
sobre todo los navegantes inexpertos.
El color debiera ser evidente, sin
embargo cuando hay niebla las luces blancas pueden parecer rojizas.
Al aparecer una luz se observará su apariencia. Observaremos su
período, fase y color y, dado que partiremos de una situación del
barco estimada, buscaremos en la carta las luces más próximas a
nuestra situación. Entraremos con ellas en el libro de Faros y
confrontaremos las apariencias y alcances identificando la luz que
hemos avistado con la que presenta las mismas características.
Y para terminar, cuidado con los relevos de guardia. Es el momento
más peligroso. Tómese el tiempo necesario para ello.
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