Para navegar no es necesario comprar un barco,
pero si esta considerando esta opción es prudente conocer antes
cuánto nos va a costar disfrutar de nuestro barco cada año.
En primer lugar hemos de pensar en comprar o
alquilar el amarre en un club o puerto deportivo, tan escasos y
caros en el Mediterráneo. Aquí hay que aclarar que realmente no
compramos el amarre sino el derecho de uso durante cierto tiempo; el
de la concesión administrativa del bien de dominio público en el que
está construido el puerto por lo que es muy importante informarse de
cuanto tiempo queda de concesión así como de los gastos generales de
mantenimiento, vigilancia, etc., que hemos de pagar mensualmente.
Otra opción es amarrarlo a una boya, o bien guardarlo en el garaje
de casa y botarlo cuando lo vayamos a utilizar que, aunque más
reducidos, también tiene su coste además de que esta opción solo es
posible para pequeñas esloras.
Ineludible es contar con el seguro que, cuando menos, habrá que
suscribir el obligatorio de responsabilidad civil, que conviene
ampliar para que cubra también daños propios y posibles accidentes
de nuestra tripulación.
Luego están las tasas que hemos de pagar anualmente por ocupación
del espejo de aguas y las correspondientes a señalización: Faros,
balizas, etc.; las inspecciones técnicas que ha de pasar el barco
cada cierto tiempo, la limpieza y el mantenimiento: revisiones del
motor, cambios de aceite, filtros, etc.; la varada anual para pintar
fondos cambiar ánodos y revisar grifos de fondo, bocina y limera, y
para controlar posibles indicios de osmosis. La reposición cada
cierto tiempo de las baterías, cabuyería, velas y pirotecnia. Las
revisiones obligatorias de los extintores, balsa salvavidas,
radiobaliza, etc.
Un cálculo bastante aproximado de estos costes suele estar en el 10%
del valor de compra del barco, a los que hay que sumar el capítulo
del combustible que es importante si nuestro barco tiene una
motorización de alta potencia y el inevitable bricolaje a cargo del
tiempo del armador, imposible de cuantificar; es decir, además de
dinero, el tiempo que el propietario dedica al cuidado de su barco.
Por todo lo anterior hay quienes, no pudiendo disfrutar mucho tiempo
de la navegación de recreo por sus muchas obligaciones
profesionales, prefieren alquilar en vez de comprar un barco, ya que
con los costes anteriores, puede alquilarse una o dos semanas un
barco de similares características cada año en un escenario
diferente: El Caribe, Grecia, Turquía, Baleares o en destinos
lejanos.